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Dijo Dios: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd by Blanca Quiroga

  • Writer: Dra Blanca Quiroga
    Dra Blanca Quiroga
  • Jan 8, 2021
  • 11 min read

Updated: Oct 24, 2023

Este artículo está escrito para la Honra y Gloria de Dios! Aleluya! Amén Amén Amén.


Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.
Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. (Mateo 23:8-10).

Porque con Jesús, Dios envió Sus palabras:

Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. (Juan 3:34-35).

La semana pasada viajamos a México a visitar a nuestros familiares. Casi un año sin verlos debido a que el virus empezó en el mes de Marzo. Entre la cuarentena y mis clases de inglés fuimos postergando la visita. Pasamos días maravillosos, tuvimos reuniones familiares donde pudimos orar antes de despedirnos, porque aunque estamos a pocas horas estamos en otro país, abrazos entre lágrimas y tanto amor contenido por dar en especial a mis familiares más cercanos.

En casa de mami me dedique a dar amor a mi familia y a todos los que me visitaron. Llegaron mis tíos los que pudieron, mis hermanos, mis hijos y mi hermana, parecían días de gran reunión familiar.

Pero, también tenía tanto por hablar de Dios y contarles mis experiencias, era como si necesitara hablar y hablar y hablar, que cuando fuimos a la casa de una prima de mi esposo, nos pasamos platicando de las cosas de Dios. Y después de tanto platicar mis experiencias me di cuenta que no soy nadie, pequeña e humilde.

Y nos pasó que Dios estaba en cada reunión, todos pudimos recibir un gran mensaje de Dios que pienso algunos ya sabemos y otros aun no se han percatado de ello. Pero una de las familias que nos invito, una palabra llego a mi corazón y palabra para mi representa un "De cierto, de cierto te digo". Sin duda, fueron sabios, la palabra de Dios dice:

Dijo Dios: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. (Mateo 17:1-5).

Recordé que cuando yo estaba en la preparatoria, una tarde yo estaba estudiando en el comedor de la casa de mis padres y habían llegado unos pastores y diáconos a visitar a mi papá, y se sentaron en la sala de la casa. Mi papá había decidido salirse de la iglesia dando sus razones, entre algunas razones era porque un hermano que vendía elotes y había estado enfermo y no habían visto por él. Mi papito Luis decía entonces somos hermanos? En aquel tiempo la iglesia daban mas valor a los mandamientos que a nuestro amado Jesucristo. Ellos habían llegado hacer un concilio por lo que mi papá les hablaba y se salieron bendecidos, porque para los que aman a Dios todas las cosas le vienen a bien. Mi papito Luis se la pasó horas explicándoles con la palabra sobre quien es nuestro amado Señor Jesucristo:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6).

Que antes de irse, le dijeron: No encontramos culpa en usted, puede volver a la Iglesia cuando quieran. Y mamá me comento: Que hubo un momento que dejaron de ir. Y ella le preguntó a Dios al salir de aquella iglesia y Dios le contesto con esta misma palabra:

Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. (Mateo 17:1-5).

Misericordia de Dios para todos, aprended de Jesucristo todas las naciones dice su palabra:

Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.

He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída. (Isaías 55:1-13).

Permitamonos ser enseñados por Jesucristo, porque el vino a darnos doctrina por parte de Dios:

Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.

Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?

Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:14-24).

Al otro día Cristo siguió enseñándoles, mientras en la ley en el tiempo de Moisés se había ordenado apedrear a estas mujeres, Jesús tampoco le condenó, y le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más:

y Jesús se fue al monte de los Olivos.

Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,

le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.

Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. (Juan 8:1-11).

Y antes de ser arrestado Jesús dijo que las palabras que habéis oído no era suya, sino del Padre que le envío, y que nuestro Padre enviaría al Espíritu Santo en su nombre:

El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:24-26).

La gente se admiraba por su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas, les enseño sobre los dos cimientos:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;

porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:24-29).

Jesucristo hizo señales porque Dios esta con el, y los fariseos sabían que había venido de Dios como nuestro maestro; más Jesucristo le enseño que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Jesús dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios y Nicodemo no entendió, entonces Jesucristo le enseño a detalle: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios:

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?

Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:1-15).

Jesucristo les enseñaba por parábolas muchas cosas y les decía en su doctrina, ya después de enseñarles la parábola del sembrador y ya con los doce Jesús les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas:

Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.

Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:

Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar;

y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.

Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.

Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.

Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.

Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.

Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;

para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

El sembrador es el que siembra la palabra.

Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.

Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;

pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.

Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra,

pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. (Marcos 4:1-20).

Más Jesús explica el propósito de hablarles con parábolas:

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyen pesadamente,

Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan,

Y se conviertan, Y yo los sane.

Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. (Mateo 13:10-17).

Permanezcamos en la doctrina de Cristo, como menciona el Apóstol Juan en su carta:

El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad,

a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros:

Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.

Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.

Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros.

Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.

Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.

Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.

Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: !!Bienvenido!

Porque el que le dice: !!Bienvenido! participa en sus malas obras. (2 Juan 1:4-11).

Te amo Papito Jehová! Te amo Jesucristo! Te amo Espíritu Santo! Aleluya! Amén.

Gracias Papito Jehová!

Gracias amado Jesucristo! Gracias Espíritu Santo! Amén. Este artículo está escrito

para honra y gloria de Dios. Aleluya! Amén.

Si esta palabra tocó tu corazón y deseas hacer la oración de fe, puedes confesar con tu boca:

Padre Nuestro gracias por amarme con amor eterno, ante el trono de la gracia y delante de nuestro Señor Jesucristo pido me perdones mis pecados de obra y omisión o aquellos pecados que me son ocultos y acepto a tu hijo Jesucristo mi Salvador, escribe mi nombre y a mis familiares en el libro de la vida, creo que es tu hijo amado, vino y dio su vida por mí, y resucitó al tercer día, y Jesucristo es mi Señor.

En el nombre de Cristo Jesús! Amén.

Gloria a Dios! Aleluya! Bendice alma mía a Jehová! Alabado sea tu nombre Jesús! Aleluya! Amén.

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Bendiciones

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Dios les Bendiga en el nombre de Jesús de Nazaret Cristo. Amén

#wordsofhope2020

#palabrasdeesperanza2020

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