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La santa ciudad, la nueva Jerusalén by Blanca Quiroga

  • Writer: Dra. Blanca Quiroga
    Dra. Blanca Quiroga
  • Mar 2, 2022
  • 6 min read

Updated: Oct 24, 2023

Este artículo está escrito para la Honra y Gloria de Dios! Aleluya! Amén Amén Amén.




Dijo Jesús:
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mateo 24:35).

Hace algún tiempo estaba en el servicio de oración y al cantar un alabanza que tiene por nombre Hosanna, recordé la entrada triunfal de nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén. Hermosa palabra de Dios. Palabras de vida eterna.


Dice la palabra de Dios:


Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,

y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.


Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.

Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.

Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?

Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.


Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.

También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.

Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!

Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce. (Marcos 11:1-11).


Jesús se lamenta sobre Jerusalén.


Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.

Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.


Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.


¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.


Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.


¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor. (Lucas 13:33-35).


El profeta Isaías profetiza acerca de la promesa de cielo nuevo y tierra nueva.


Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.


Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.


Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.


No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.


Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.

No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.

No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.


Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.


El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová. (Isaías 65:17-25).

Y la promesa es tan hermosa que se describe en el libro de Apocalipsis, un cielo nuevo y una tierra nueva y la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios.


Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.


Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.


Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.


Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.


Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.


El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.


Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.


Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.


Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel;

al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas.

Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.


El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.

La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales.


Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.

El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio;

y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda;

el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.


Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.


Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.


Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.


Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.

Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.


No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. (Apocalipsis 21:1-27).


Te amo Papito Jehová! Te amo Jesucristo! Te amo Espiritu Santo! Aleluya! Amén.

Gracias Papito Jehová! Gracias amado Jesucristo! Gracias Espíritu Santo! Amén. Este artículo está escrito

para honra y gloria de Dios. Aleluya! Amén.


Si esta palabra tocó tu corazón y deseas hacer la oración de fe, puedes confesar con tu boca:


Padre Nuestro gracias por amarme con amor eterno, ante el trono de la gracia y delante de Cristo Jesús pido me perdones mis pecados de obra y omisión y aquellos pecados que me son ocultos y acepto a tu Hijo Jesús como mi Salvador, escribe mi nombre y el de mi familia en el libro de la vida, creo que es tu hijo amado, vino y dio su vida por mí, y resucitó al tercer día, y Jesucristo es mi Señor.

En el nombre de Cristo Jesús! Amén.

Gloria a Dios Padre! Gloria a Jesucristo! Aleluya! Amén Amén Amén.

Comments


Bendiciones

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Dios les Bendiga en el nombre de Jesús de Nazaret Cristo. Amén

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