En su presencia lo tienes todo by Dra Blanca Quiroga
- Dra. Blanca Quiroga
- Jul 20, 2024
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Este artículo está escrito para honra y gloria de Dios. Aleluya! Amén.

Fecha de elaboración. 4 Agosto 2019. By Dra Blanca Quiroga Chavana
Este artículo está escrito para la honra y gloria a Dios y nuestro Señor Jesucristo! Aleluya! Amén.
Cuando has vivido y visto tantas cosas: tanto desamor en el mundo, tanta deshumanización y tanta maldad, cuando la vida te ha quitado lo que posees, cuando los seres que amas no quieren saber de ti o no aprecian tu valor, pides a Jesús con todo tu corazón les dé un beso al dormir y les de un gran abrazo!
Lo que tu no puedes hacer! Cuando el desierto se torna largo e impresionantemente seco y el calor está al fuego en su máxima temperatura, sin duda la prueba está dura.
Clamas! volteas al cielo y no ves claridad a tu alrededor, pero crees en los milagros! tienes fe! humilde y pequeña, pese a todo y a todos, y ves a tu Dios Jehová como poderoso gigante que esta cuidandote como nadie lo ha hecho! Fluyen ríos de agua viva dentro de ti! Extranjera en otra tierra, bendecida por él! porque sabes que lo que los demás no hagan por ti, Él lo hará! Y pondrá orden, porque Él cumple lo que promete.
Cuando sientes su presencia, te da gozo interior y paz! Cosas que la naturalidad no da, lo que nadie puede dar solo tú Jesús, que pides que su presencia no se vaya jamás, cuando danzas, oras y le dices cuanto le amas, alabas, y cuando El te respalda, sólo Él te llena de regalos espirituales, que en valor no tienen comparación con algo.
Porque puedes quedarte sola o solo pero sin El jamás! Porque con su gran amor te rodea siempre! Y te dice "Aquí estoy" cuando duermes, cuando lloras, cuando ríes y cuando le buscas, sencillas palabras, pero con un gran sentir en el espíritu.
Y es cuando te das cuenta que todo deja de preocuparte: las cosas, las situaciones, las personas, las injusticias porque su luz ilumina tu camino y lo endereza, y haces la cosas que le agradan, le entregas todo tu corazón y lo honras!
Porque viviendo en su presencia lo tienes todo en él!
Dice la palabra de Dios:
Ríos de agua viva.
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. (Juan 7:37-39).
Jesús y la mujer samaritana
Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan
(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
Y le era necesario pasar por Samaria.
Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
Y creyeron muchos más por la palabra de él,
y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. (Juan 4:4-42).
Si esta palabra tocó tu corazón y deseas hacer la oración de fe, puedes confesar con tu boca:
Gracias Padre por amarme tanto y acepto a tu hijo Jesucristo como nuestro Salvador, escribe mi nombre y el de mi descendencia en el libro de la vida, creo que es tu Hijo amado, vino y dio su vida por mi, y resucitó al tercer día, y Jesucristo es el Señor.
En el nombre de Cristo Jesús! Amén Amén Amén.
Gloria a Dios Padre! Gloria a Jesucristo! Aleluya! Amén Amén Amén.
Te amo Jehová mi Dios! Te amo Jesucristo! Te amo Espiritu Santo! Aleluya! Amén Amén Amén.
Gracias Abba Padre! Gracias amado Jesucristo! Gracias Espíritu Santo! Amén Amén Amén.




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