Escucha a tu esposa by Blanca Quiroga
- Dra. Blanca Quiroga
- Feb 26, 2024
- 18 min read
Updated: Mar 26, 2024
Este artículo está escrito para la Honra y Gloria de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo.

Publicado el: 11 de Febrero de 2024 by Dra Blanca Quiroga
Recuerdo, cuando un pastor predicaba nos habló del día en que se había accidentado y se había quebrado su pierna jugando fútbol, dice que su esposa había tenido el aviso que el se iba a quebrar la pierna, pero ella lo guardó no le dijo nada a él, y que ella le había dicho de forma amorosa, no salgas por favor!
Quedate conmigo esta tarde! Pero no le dijo del accidente que tendría, se lo había guardado, el no accedió a quedarse y un rato más tarde había tenido el accidente que le impidió volver a jugar. Al final de platicar su testimonio él dijo: Escuchen a su esposa.
Mi esposo y yo tuvimos una experiencia en Austin cortando la rama muy gruesa de un gran árbol, estaba mi esposo con una pequeña sierra, no saben como me mortifique por él! Estaba orando y le pedía a Dios que cuidará a mi esposo que enviará a sus ángeles para ayudarlo, le pedía que ese gran tronco no golpeara la camioneta, él había puesto una escalera en la caja trasera de la camioneta y empezó a rebajar el tronco por un lado y luego por el otro, era un tronco demasiado grueso, pero cuando vi que el tronco se abrió de la parte de arriba por el peso, le gritaba y le gritaba: Ten cuidado! El tronco ya se va caer! Bajate! En repetidas ocasiones, pero él parecía sordo y no se había dado cuenta de que el tronco caería, y mientras le gritaba él acababa de bajarse de la escalera, pero había dejado solo un pie sobre la escalera, en eso que se cae el tronco sobre la escalera, mi esposo y la escalera volaron en el aire, mi esposo dio la vuelta completa como en una maroma y cayó al suelo en la banqueta donde había troncos y ramas, las ramas habían protegido su cabeza, la altura era muy alta casi dos metros, el es alto y muy pesado y voló como un papel.
Y entonces le dimos la atención necesaria le grite al vecino de enfrente y vino a ver qué pasaba y doy la honra y gloria a Dios y a nuestro Señor Jesús por cuidar de mi esposo y guardarlo de ese tan grave accidente.
Pero, de camino a casa veníamos platicando y le dije tranquilamente: ¿Porque no me escuchabas? Te grite que se iba a caer el tronco y me dijo : Si ves que corro peligro gritame! Pero tan fuerte que me detengas! Y yo me quede callada y pelé los ojos. Entendí que como él fue sheriff a veces no hay otra forma de detener alguien ante el peligro. Jamás pensaría en gritarle.
Conforme he leído la palabra de Dios, se lo que a Dios no le agrada y tengo temor de Dios.
No debe escuchar cuando alguien sugiere desobediencia a Nuestro Dios.
Recordemos cuando Eva fue tentada por la astuta serpiente, y ella y Adán desobedecieron a Dios, ese fue su pecado: "desobedecer a Dios". Hicieron lo que estaba prohibido hacer. Dios nos enseña en sus Sagradas Escrituras que es bueno y que es malo, los mandamientos y ordenanzas, por eso debemos leer de diario la palabra de Dios para ser enseñados por Dios, no por mandamientos, o creencias, o costumbres u opiniones de hombres.
Primero es Dios que todo, dijo nuestro Señor Jesús de Nazaret:
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. (Marcos 12:30).
Dice la palabra de Dios:
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Génesis 2:16).
Jehová nuestro Dios había dado mandato al hombre, y el hombre desobedeció, dice la palabra de Dios:
Desobediencia del hombre,
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. (Génesis 3:1-7).
Dice la palabra de Dios:
Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo. (Génesis 16:5).
Recordemos que Sara tuvo un hijo de su esposo Abraham, cuando había nacido Isaac y creció y fue destetado, vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo.
Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.
Dice la palabra de Dios:
Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac.
Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac.
Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.
Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo.
Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.
Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.
Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto,
y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró.
Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.
Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.
Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.
Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco.
Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. (Génesis 21:8-21).
No debe escuchar cuando alguien sugiere tener idolatrías o adorar a otros dioses, cuide su corazón, primero es Nuestro Dios.
Recordemos que somos templo del Dios viviente, dice la palabra de Dios:
No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14).
Recordemos lo que vivió el rey Salomón, el corazón de Salomón se inclinó hacia sus mujeres y sus dioses, desobedeciendo a Jehová, Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses.
Dios conoce todas las cosas, y por eso está este mandato! Cuida tu corazón porque de él mana la vida, dice la palabra de Dios.
Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A estas, pues, se juntó Salomón con amor.
Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.
Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.
E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.
Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.
Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. (1 Reyes 11: 1-8).
Recordemos como Dalila engañó a Sansón por dinero, ella le presionaba cada día, para conocer que lo debilitaría su fuerza, hasta que él abrió su corazón a Dalila, y confesó que le debilitaría, desobedeciendo lo que le había sido ordenado a sus padres, dice la palabra de Dios:
Sansón se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. Dice la palabra de Dios:
Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata.
Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado para ser dominado.
Y le respondió Sansón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. Y los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban enjutos, y ella le ató con ellos.
Y ella tenía hombres en acecho en el aposento. Entonces ella le dijo: ¡Sansón, los filisteos contra ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza. (Jueces 16:5-9).
Tres veces le pregunto para atarlo, debilitarlo, y dominarlo, pero Sansón le mentía, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres.
Dice la palabra de Dios:
aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.
Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres.
Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero.
Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él.
Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.
Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.
Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que fue rapado. (Jueces 16:18-22).
Recordemos como la esposa de Poncio Pilatos pudo alertar a su marido de no sentenciar a nuestro Señor Jesús. Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.
Dice la palabra de Dios:
Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.
Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.
Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?
Porque sabía que por envidia le habían entregado.
Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.
Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. (Mateo 27:15-24).
Recordemos la esposa de Potifar, que en su pensamiento adulteró, ella tentó y acoso a José queriéndolo usar para fornicación, dando falso testimonio, su acción derivó a que José pasará años en prisión siendo inocente. No hubo testigos de tal hecho, Potifar condenó a José acusando injustamente. Dice la palabra de Dios:
Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.
Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.
Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.
Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene.
No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?
Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí.
Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.
Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera,
llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces;
y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió. Y ella puso junto a sí la ropa de José, hasta que vino su señor a su casa. Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme.
Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera.
Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor.
Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. (Génesis 39:5-20).
Cuando el hijo que Dios le había dado a la sunamita murió, ella iba a buscar al profeta Eliseo, el esposo de ella la cuestiono su ida a ver al profeta, y ella con una sola palabra freno lo que pudiera acontecer con su marido y la palabra fue: Paz.
Después vino el milagro del hijo que fue resucitado. Dice la palabra de Dios:
Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores;
y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.
Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.
Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió.
Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.
Él dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz.
Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.
Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. (2 Reyes 4:18-25).
Debemos buscar la unión en el matrimonio, haciendo oración el esposo con la esposa, ayunando juntos orando por los hijos e imponiendo manos sobre ellos, permaneciendo en la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, acudiendo a Dios ante cualquier dificultad y llegando al acuerdo, no permitiendo que otros interfieran en el matrimonio, cuidando el vínculo de paz y amor. Su esposa es coheredera de la gracia no solamente su esposa. Dice la palabra de Dios:
solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; (Efesios 4:3).
Derribando toda fortaleza y argumento y toda altivez que se haya levantado contra el conocimiento de Dios, acudiendo a Dios en oración y leyendo la palabra de Dios y asidos de ella. Dice la palabra de Dios:
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. (2 Corintios 10:3-6).
Los esposo cristianos tienen una gran bendición de santificar y amar a su esposa, como Cristo amó a la iglesia, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra. Con el amor que sólo Dios puede dar, con paciencia, mansedumbre, sabiduría, amor y paz. Dice la palabra de Dios:
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Efesios 5:25-33).
Las esposa cristiana nos corresponde en caso dado, los esposos sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Y pedir sabiduría para poder, compartir el evangelio o la palabra con el esposo y santificarlo si es la voluntad de Dios. Dice la palabra de Dios:
Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,
considerando vuestra conducta casta y respetuosa. (1 Pedro 3:1-2).
Si tiene mujer no creyente o si una mujer tiene marido que no sea creyente, dice la palabra de Dios:
Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.
Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.
Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.
Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? (1 Corintios 7:12-16).
Someteos unos a los otros en el temor de Dios,
Someteos unos a otros en el temor de Dios.
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.(Efesios 5:21-24).
El matrimonio debe llegar al acuerdo: No para mentir a Dios, no deben desobedecer a Dios.
Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. (Mateo 18:19).
Recordemos lo que le paso a Ananías y Safira que mintieron a Dios, tengamos temor de Dios!
Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas. (Hechos 5:1-11).
Haced todo sin murmuraciones y contiendas, porque esto es obstáculo para que estéis irreprensibles, calla ya que todo esté en paz, habla y habla palabra de Dios, perdona, bendice y ama, y restaura con espíritu de mansedumbre, así como Cristo Jesús nos perdono también perdona.
Haced todo sin murmuraciones y contiendas,
para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;
asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo. (Filipenses 2:14-16).
Si la palabra permanece en ustedes habéis vencido al maligno. Dios les Bendiga en el nombre de Jesús. Amén.
Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. (1 Juan 2:14).
Te amo mi Dios Jehová y Padre! Te amo Señor Jesucristo! Te amo Espíritu Santo! Aleluya! Amén.
Gracias mi Dios Jehová y Padre!
Gracias amado Jesucristo! Gracias Espíritu Santo! Amén. Este artículo está escrito para honra y gloria de Dios. Aleluya! Amén.
Si esta palabra tocó tu corazón y deseas hacer la oración de fe, puedes confesar con tu boca:
Padre Nuestro gracias por amarme con amor eterno, ante el trono de la gracia y delante de Cristo Jesús pido me perdones mis pecados de obra y omisión y aquellos pecados que me son ocultos y acepto a tu Hijo Jesús como mi Salvador, escribe mi nombre y el de mi familia en el libro de la vida, creo que es tu hijo amado, vino y dio su vida por mí, resucitó al tercer día, y Jesucristo es el Señor.
En el nombre de Cristo Jesús! Amén.
Gloria a Dios! Aleluya! Bendice alma mía a Jehová! Aleluya! Amén.




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