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La Gracia en Jesucristo by Blanca Quiroga by Blanca Quiroga

  • Writer: Dra. Blanca Quiroga
    Dra. Blanca Quiroga
  • Sep 10, 2024
  • 12 min read

Este artículo está escrito para honra y gloria de Dios. Aleluya! Amén.


Fecha de elaboración. 18 Enero 2020

Elaborado por Dra Blanca Quiroga Chavana


Toda la honra y gloria a Dios y a nuestro Señor Jesucristo! Aleluya! Amén.



De las experiencias que he tenido, esta es la que más me ha impactado, asistía todos los lunes a la célula de la iglesia, y una noche una hermana me comenta: voy a un grupo de oración con una hermana que habla español y ora mucho como usted, pienso que usted y ella se llevarían muy bien; Al siguiente día me llega un mensaje de la hermana de la célula para darme el número de teléfono de la hermana que habla español, me comunico con ella y como ya saben de las miles de palabras que salen de la boca de una mujer, pues éramos dos! empezamos a hablar de nuestras experiencias en oración y nos quedamos de ver para platicar y quedamos pendientes.


Dios me despierta con palabra algunas mañanas, en esos días, recibí:


1) El que esté bajo la Ley será juzgado bajo la ley, escrito está:


Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados;

porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.


Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,

mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. (Romanos 2:12:16).


2) El que esté bajo la Gracia será juzgado bajo la gracia, escrito está:


Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;

sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. (Gálatas 4:1-7).


Recordemos que todos compadeceremos ante el tribunal de Cristo, dice la palabra de Dios:


Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10).


Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús conforme al Espíritu,


Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.


Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.


Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.


Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.


Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.


Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.


Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.


Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.


Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.


Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.


Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.


Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.


Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.


Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.


Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:1-27).


Fuimos declarados justos por nuestra fe en Cristo Jesús,


Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles,

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.


Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.


Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.


Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.


No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. (Gálatas 2:14-21).


Y de repente! esa mañana me despierta esta palabra:


3) Para tales cosas nada podría hacer, y esto interpreté para los que están bajo la Ley, en cambio para los que estamos bajo la Gracia: tenemos plenitud con Jesucristo cuando confesamos nuestra fe en él, Padre nos liberamos del espíritu de esclavitud y damos un paso hacia tu Gracia en Cristo Jesús,

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.


Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.


Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);

o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). (Romanos 10:3-7).


Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:


que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.


Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.


Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;

porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?


¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!


Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?


Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Romanos 10:10-17).


Y por nuestra fe, fuimos sepultados con él en el bautismo y resucitados con él para morar juntamente en lugares celestiales,

Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,

y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.


En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.


Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,

y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:9-15).


Jesucristo nos bendijo! Bendito sea Dios Padre Nuestro y de nuestro Señor Jesucristo! Aleluya! Amén Amén Amén.


Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.


En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.


En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:3-14).


Y conforme a la promesa dada a Abraham, que en él serán benditas todas las naciones mediante Jesús. Dice la palabra de Dios:


Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham.


Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.


De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.


Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.


Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;

y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. (Gálatas 3:7-12).


Cristo nos redimió de la maldición de la ley, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu. Dice la palabra de Dios:


Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.


Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.


Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.


Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.


Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa. (Gálatas 3:13-18).


Y un sábado me llega un mensaje donde me invita a ir a una iglesia donde ella iba solo ciertos días de visita y me comentó que iba a otra iglesia pequeña de 25 personas, recuerdo que me comentó que su esposo estaba enfermo que iba a hemodiálisis, como ustedes ya saben! No me pueden decir hay un enfermo porque voy a orar por él.


Y una tarde que tenemos el querer y el hacer, pudimos coincidir, nos reunimos y no estaba segura si debía orar por el enfermo, estuvimos platicando y ella empezó a expresar su fe en nuestro Señor Jesucristo, y que su esposo sería sano! Y empezó a salir palabra para ella que no recuerdo, porque no era palabra mía y entendí que debía orar por él para la honra y gloria de Dios y de nuestro Señor Jesucristo.


Y le dije al hermano: Puedo orar por usted? Y él aceptó, entonces tomé sus manos, siempre que oró por los enfermos tengo las manos tibias, pero ese día era distinto estaba como un hielo! frías! frías! Pero la paz que sentía al orar era distinta a cuando he orado por otros enfermos.


Y al terminar de orar por él, vino la palabra: Está bajo la ley!

Y seguí platicando con él, y comentó: cuando usted oró escuche la lengua del lugar donde viví se refería a un país oriental, y le empezó a llegar palabra que no recuerdo porque solo se la comunicaba y de repente! vino a mi mente la palabra: del hueco de la mano de Dios nadie puede ser arrebatado.


Entonces entró el querer y el hacer, y en ese impulso puse mi mano en su hombro y oramos:


Padre pongo a este hombre en el hueco de tu mano porque de ahí nadie puede ser arrebatado, en el nombre de Cristo Jesús.


Amén Amén Amén. y Zazz! en ese instante su semblante cambio! Que siguió viniendo palabra para él, estuvo atento y decía ¿Qué dijo? Y mi esposo le repetía lo que había dicho, le aclaro! No soy nadie! Sólo un instrumento para la honra y gloria de Dios Padre Nuestro y nuestro Señor Jesucristo! Aleluya! Amén Amén Amén.


Escrito está,


Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.


Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.


Yo y el Padre uno somos. (Juan 10:27-30).


En el nombre de nuestro Señor Jesucristo! Amén Amén Amén

Entonces comprendí que Dios desea que seamos salvos, y escrito está:


porque no hay acepción de personas para con Dios. (Romanos 2:11).


Nos ama y mucho y él,

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.


El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.


Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.


Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3:16-21).


Si esta palabra tocó tu corazón y deseas hacer la oración de fe, puedes confesar con tu boca:


Padre Nuestro gracias por amarme con amor eterno, ante el trono de la gracia y delante de Cristo Jesús pido me perdones mis pecados de obra y omisión y aquellos pecados que me son ocultos y acepto a tu Hijo Jesús como mi Salvador, escribe mi nombre y el de mi familia en el libro de la vida, creo que es tu hijo amado, vino y dio su vida por mí, y resucitó al tercer día, y Jesucristo es mi Señor.


En el nombre de Cristo Jesús! Amén.

Gloria a Dios! Aleluya!


Bendice alma mía a Jehová! Aleluya! Amén.


Toda la honra y gloria a Dios y a nuestro Señor Jesucristo! Aleluya! Amén. 

 
 
 

Comments


Bendiciones

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Dios les Bendiga en el nombre de Jesús de Nazaret Cristo. Amén

#wordsofhope2020

#palabrasdeesperanza2020

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